© 2019 Revista Femme Sapiens

Todos los derechos reservados

  • Blanco Icono de YouTube
  • Blanco Icono de Instagram
  • White Facebook Icon
  • White Twitter Icon

6 de abril de 2019

1x03

¡Bienvenidas todas una semana más a la intensidad!

Estrenamos abril con una hora menos para cantar a pleno pulmón Purpurina de Alberto Gambino, mientras buscamos por la discoteca con mirada cómplice a nuestras amigas para bailar a muerte, o más bien, para gritar todas juntas la letra. A falta de esa horita de sueño, esta semana vuelve a tocar un poco de caos y de perderse hasta encontrarse. Estas últimas semanas he estado tan ocupada que he recortado horas hasta en dormir. Como ya sabéis, lo malo de llevar despierta muchas horas seguidas es que tienes un humor muy cambiante y delirante. Tan pronto estás en la llama de España contando más chistes que mi casera cuando nos reunimos en su residencia, como al instante caes en picado y conectas con tu yo nihilista que está cansada del mundo y juzga todo como productos impuestos de una sociedad capitalista y patriarcal. Está claro que el Matrix de nuestra realidad no se atraviesa con pastillas de colores, sino durmiendo bien o no. (Si quieres saber cuál es el efecto bala pon las noticias y verás la incoherencia entre supuesta ética y acciones).

Pues bien, la siguiente poesía la escribí hace un tiempo en uno de esos días que literalmente me paso la noche entera haciendo trabajos o pintando. Por la mañana había vuelto de empate sin apenas dormir a mi ciudad natal (Ourense, cidade termal) y en un momento de caída libre de mi humor, esperando en la parada de bus empecé a escribir.

 

LAS HORAS GRISES

He amanecido en un día que no me pertenece, en una ciudad no-mía
donde cada calle guarda algunos de los recuerdos más bellos y tristes que he tenido.

Pero tampoco son míos ahora.
Este lugar
al que un día llamé hogar,
está tan nublado como mi mente al pensar si alguna vez pertenecí aquí.

¿He tenido casa?

Hoy es viernes.
El Sol parece una estrella más
en una noche demasiado clara.
El frío me atornilla los oídos.
Aún no he visto ni un sólo pájaro
y llevo un rato mirando al cielo...
Se habrán caído todos.
En esta especie de día sin corazón
mi cabeza no es mía,
no soy mía,
no puedo controlar nada.
La gente me hace preguntas que no sé responder.
Que si sigo siendo alguien que hace mucho que no vive en mi. Sí- les digo.
Miento.
No quiero enfrentarme a la realidad
de que me he perdido en un delirio
y lo he perdido todo.
Adiós calles, adiós pájaros,
adiós Sol, adiós recuerdos del pasado,
adiós infancia, pubertad, adolescencia.
Adiós, Lidia.
Has perecido hace años,
por eso no te encuentras.
Muerta en vida,
caminante blanca.

Dicen que debo tomar más el Sol, salir.

Pero qué haré si el Sol se esconde de mí en este recodo del mundo
donde siempre amanece el cielo gris.

 

Así de estúpido es no dormir bien. Empecé una conversación mentalmente, divagando sobre lo mucho que había cambiado desde que había cumplido la mayoría de edad y lo mucho que echaba de menos a esa parte de mi misma. Ese pequeño cambio, cumplir 18 años, fue un proceso despersonalizador y a la vez de autodescubrimiento. Todo a raíz de estigmatizar la edad adulta como algo malo donde debes abandonar aquello que te hace feliz y convertirte en alguien responsable y de provecho. Yo odiaba el ideario del Ser Adulto. La mentalidad de Peter Pan continuó en mi, empecé a rebelarme contra la humanidad y a seguir haciendo las cosas que siempre me habían gustado como jugar a la DS, los Sims, jugar en los parques de niños (miénteme y di que ya no te gustan los columpios, venga), cantar Camp Rock, ver gameplays de gente jugando genial, comer lo que me diese la gana, seguir dibujando, seguir inventándome historias, llevar la ropa que de verdad me gustase... Fue divertido, pero seguía odiando formar parte de esa etapa de la vida diseñada para conformarse. En realidad, sigo pensando que nos empujan a ser alguien más, algo que no somos. A ser la máquina, la pieza o engranaje. A ser la madre y el padre, el éxito con minúsculas y todas las sombras que hay entre sus letras para cada sexo. Siempre he luchado por ser una persona autónoma y poder decidir por mí misma, por evitar al máximo a la máquina etiquetadora de código de barras que te pone en la frente cuál será para siempre el lugar que debes ocupar, ese espacio-tiempo de conformidad por supervivencia antes de morir. Una realidad que llena barrios en todas partes. Después de esa etapa de pseudo-rebelión me di cuenta de que en realidad si te esfuerzas mucho (pero mucho de verdad, ser capaz de sacrificarlo todo), puedes salir del círculo vicioso y ser responsable haciendo las cosas que te gustan, es decir, muchas veces perseguir el sueño utópico y sacar provecho de él no es sólo un sueño. (Difícil pero no imposible). Así que sí, ve a por aquello que te gusta y enorgullécete de seguir siendo fiel a ti misma, seas como seas.

Y así a lo tonto os he colado una reflexión transversal en la vida: lo que quiero vs lo que debo. (Con muchos asteriscos en debo). El reto de esta semana será que en una foto, cuadro, dibujo, texto... plasméis quienes queréis ser de verdad. Qué hay detrás de todo el envoltorio que adorna las redes, qué psique vive ahí.

Recuerda subir la publicación de tu creación a Instagram bajo el #laintensadelpueblo para que durante toda la semana todas podáis ver vuestras obras. El jueves, un par de

ellas serán elegidas y en la próxima sección las mostraremos junto con vuestros @. Una vez al mes se realizará un concurso entre todas las personas que hayan sido elegidas en las 4 publicaciones anteriores (correspondientes a un mes) y una de ellas se llevará de regalo un detalle relacionado con el mundo del arte.

El cuadro que os enseño esta semana todavía está en proceso y le falta bastante para estar terminado. Está directamente relacionado con la sección de este viernes, una mujer que no tiene miedo a la presión de la guerra y va a luchar contra todo hasta que gane. Acrílico sobre lienzo de 30x40 cm. Todavía no he pensado un nombre para ella así que si queréis dejarme sugerencias en el enlace de Instagram que aparece en mi descripción, cuando termine de pintar la titularé así.

¡Feliz abril y pasad un genial fin de semana!